DECLARACIÓN INICIAL

Escribimos desde la curiosidad, el respeto y la urgencia.
Porque la Cueca chilena —arte vivo, complejo y profundamente humano— no puede quedar suspendida en el pasado ni confinada a los límites que otros le imponen.
Creemos que el futuro de la Cueca chilena exige tiempo, energía, talento y coraje.
Coraje para cuestionar los paradigmas que la sostienen, pero también los que la limitan.
Coraje para permitirle alcanzar el lugar que merece.
Afirmamos que la Cueca es una herramienta de catarsis, de comunión y de trance colectivo.
Un lenguaje que convoca cuerpos, memorias y emociones.
Un espacio donde el individuo se disuelve en lo colectivo.
Como todo arte tradicional, la Cueca chilena habita una tensión permanente:
entre fuerzas dogmáticas que buscan conservarla intacta
y fuerzas de exploración que la empujan hacia el cambio y la divergencia.
No tomamos partido por la inmovilidad ni por la ruptura vacía.
Sabemos que solo el tiempo decidirá qué formas trascenderán.
La Cueca chilena no pertenece a una ideología ni a un tiempo fijo.
Es agua: adopta la forma del territorio que la contiene.
Es nortina en el norte, sureña en el sur, campesina en el campo y urbana en la ciudad.
Pertenece, finalmente, a quienes le entregan respeto, estudio y dedicación.
¿Y en Europa?
La Cueca debe, inevitablemente, devenir europea en al menos una de sus ramas.
Eso implica estudiarla, conocerla y apropiársela con responsabilidad,
para luego atreverse a nuevas estéticas, nuevas mitologías,
nuevas coreografías y nuevas poéticas.
Toda evolución —incluso la efímera— es vida.
Denunciamos la carga que aún pesa sobre la Cueca chilena:
la idea de que es un arte menor,
o el estigma de haber sido instrumentalizada por nacionalismos tóxicos.
Defenderla de esas lecturas consume energía que debería destinarse a su desarrollo.
Reconocemos también su carácter de nicho, su aura underground,
y la hostilidad implícita que esto puede generar para quienes se acercan sin códigos ni redes.
Ese es el primer paradigma que debemos transformar:
convertir las barreras en facilitadores,
clarificar los flujos de información,
abrir caminos de acceso.
Queremos ayudar a despertar al cuequero que duerme en cada persona,
desde cualquier vereda,
incluso desde aquellas ajenas a la música, la danza o la poesía.
Soñamos con una Cueca con desarrollo académico internacional.
Con escuelas integrales de arte vivo.
Con espacios de investigación, creación y experimentación.
Con laboratorios multi e interdisciplinarios donde este arte dialogue
con las ramas más improbables del conocimiento humano.
Porque creemos que el verdadero fin del arte es la mejora de la sociedad,
o al menos la invitación honesta a reflexionar sobre ella.
Sin esa aspiración, no habrá futuro para apreciar una belleza
que existe solo por el hecho de ser bella.
Afirmamos, sin ambigüedad:
la Cueca debe mejorar el mundo.
Y estamos convencidos de que es posible.

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